Hay una sensación que se repite cada vez con más frecuencia entre profesionales de la salud mental.
No siempre se dice en voz alta. A veces aparece como incomodidad. Otras, como duda. Otras, como silencio.
Algo cambió.
Personas que llegan a consulta hablando de experiencias psicodélicas.
Estados de conciencia no ordinarios.
Procesos espirituales intensos.
Vivencias corporales, simbólicas y emocionales difíciles de traducir al lenguaje clínico clásico.
Y frente a eso, muchxs terapeutas sienten lo mismo:
el mapa con el que fueron formadxs ya no alcanza del todo para leer lo que está apareciendo.
No porque esté “mal”.
No porque haya que descartarlo.
Sino porque fue diseñado para otro tipo de territorio.
Cuando el material clínico excede el marco aprendido
La formación tradicional en psicología, psiquiatría y salud mental fue pensada —en gran medida— para trabajar con estados ordinarios de conciencia, narrativas racionales, síntomas categorizables y procesos relativamente lineales.
Pero hoy el material que emerge en consulta es otro.
Experiencias con psicodélicos (en contextos ceremoniales, terapéuticos o recreativos).
Relatos de disolución del yo o pérdida momentánea de referencias identitarias.
Recuerdos simbólicos intensos, imágenes arquetípicas, memorias no verbales.
Movimientos somáticos profundos, descargas corporales, respuestas neurofisiológicas complejas.
Procesos espirituales que no encajan claramente en una psicopatología, pero tampoco pueden ser ignorados.
Y, de manera cada vez más evidente, material traumático que se reactiva, se reorganiza o se revela a partir de estas experiencias.
Trauma temprano.
Trauma relacional.
Trauma de desarrollo.
Trauma transgeneracional.
Material que no siempre aparece como “recuerdo”, sino como sensación corporal, emoción desbordada, imagen fragmentada o estado interno difícil de simbolizar.
Ahí aparece el dilema.
Muchxs profesionales saben que no todo esto debe ser patologizado,
pero tampoco quieren validar sin criterio ni marco.
No es falta de ética.
No es irresponsabilidad.
👉 Es falta de un marco actualizado para trabajar con estos fenómenos de manera segura y responsable.
El silencio profesional también es un síntoma
Cuando no hay marco claro, suelen aparecer dos respuestas frecuentes:
El silencio.
La derivación automática.
A veces se evita profundizar.
A veces se cambia de tema.
A veces se reduce la experiencia a una categoría conocida, aunque no termine de encajar.
No porque el terapeuta no quiera acompañar.
Sino porque nadie le enseñó cómo hacerlo sin perder rigor clínico, ética y cuidado.
Esto genera frustración.
Y también una sensación creciente de desfasaje entre la clínica real y la formación recibida.
Aceleración, trauma y estados no ordinarios
Este fenómeno no puede pensarse aislado del contexto en el que vivimos.
Vivimos en un mundo acelerado.
Hiperestimulado.
Fragmentado.
Con demandas constantes de rendimiento, adaptación y productividad.
El aceleracionismo contemporáneo no solo impacta en la economía o la tecnología: impacta directamente en la subjetividad y en el sistema nervioso.
Muchxs pacientes llegan agotadxs, disociadxs, sobrepasadxs.
Con sistemas nerviosos crónicamente activados o colapsados.
Con historias de trauma que nunca encontraron espacio para ser elaboradas.
En ese contexto, no sorprende que emerjan:
búsquedas de experiencias intensas,
estados ampliados de conciencia,
intentos —a veces desordenados— de reorganización psíquica y emocional.
Las experiencias psicodélicas, en muchos casos, no crean el conflicto, sino que aceleran y visibilizan lo que ya estaba allí.
Y eso plantea un enorme desafío clínico.
No estamos ante una moda, sino ante un cambio de escenario
Esto no es una tendencia pasajera ni una curiosidad espiritual.
Hay investigación científica en curso.
Hay reapertura del campo psicodélico a nivel global.
Hay una crisis de los modelos tradicionales de salud mental frente a la complejidad del sufrimiento actual.
Lo que está emergiendo no espera a que la academia se acomode.
Ya está entrando en los consultorios.
La pregunta no es si esto va a suceder.
La pregunta es cómo vamos a acompañarlo con responsabilidad, criterio y cuidado.
El problema no es ético: es epistemológico
Mucho del debate actual se formula en términos morales:
¿está bien o mal?, ¿se puede o no?, ¿es legal o no?
Pero hay una capa más profunda.
El verdadero problema es que el paradigma dominante no ofrece categorías suficientes para comprender, integrar y trabajar estos fenómenos sin reducirlos, negarlos o idealizarlos.
Cuando el paradigma queda chico, aparecen tensiones.
Y cuando no se las nombra, se actúan.
Cuando el mapa queda chico, hace falta un marco nuevo
La Formación en Terapia Asistida con Psicodélicos 2026 está pensada para
psicólogxs, médicxs, psiquiatras y profesionales de la salud que ya están encontrando en
consulta materiales, estados y procesos para los que la formación tradicional no ofreció
herramientas suficientes.
No para empujar modas, sino para ordenar, contextualizar y acompañar con criterio,
ética y cuidado lo que ya está ocurriendo en la clínica.
Enfoque clínico · trabajo con trauma · neurociencia · ética del cuidado
TAP no nace para empujar modas, sino para ordenar lo que ya está ocurriendo
La Terapia Asistida con Psicodélicos (TAP), tal como la entendemos en PsicodeAr, no surge para promover experiencias ni acelerar procesos.
Surge para ordenar, cuidar y contextualizar.
No se trata de “hacer más”.
Se trata de saber acompañar mejor lo que ya está sucediendo.
TAP intenta construir un marco que integre:
psicología clínica,
trabajo con trauma,
neurociencia y regulación del sistema nervioso,
abordajes somáticos,
dimensiones simbólicas y espirituales,
ética del cuidado,
y responsabilidad profesional situada en nuestro contexto.
No para reemplazar lo anterior, sino para ampliarlo y actualizarlo.
Actualizar el mapa no es traicionar la formación
Actualizar el marco no implica perder rigor.
Implica reconocer que el territorio cambió.
La buena práctica profesional no se basa en negar lo que emerge,
sino en formarse para sostenerlo con claridad, límites y cuidado.
Una pregunta abierta
Si hoy acompañás procesos terapéuticos y sentís que:
aparecen materiales para los que no te formaron,
el marco aprendido se queda corto,
o intuís que algo nuevo está pidiendo ser nombrado,
no estás solx.
Estamos atravesando un quiebre de paradigma.
Y los quiebres, por definición, incomodan.


