En el discurso público, mediático e incluso terapéutico, hay una simplificación que se repite una y otra vez: llamar “psicodélicos” a todo lo que altera la conciencia.

La intención suele ser buena.
El resultado, no tanto.

Porque no todas las sustancias inducen el mismo tipo de experiencia,
no actúan sobre los mismos sistemas,
no producen los mismos efectos subjetivos,
ni implican los mismos riesgos.

Confundirlas no es solo un error conceptual.
Tiene consecuencias clínicas, subjetivas y de cuidado.

El problema de meter todo en la misma bolsa

Cuando se habla de “psicodélicos” como una categoría homogénea, se pierden matices fundamentales:

  • se asumen efectos similares donde no los hay,

  • se aplican las mismas recomendaciones a experiencias muy distintas,

  • se subestiman riesgos específicos,

  • se sobrestiman beneficios en contextos inadecuados.

El resultado suele ser una mezcla peligrosa de hype, desinformación y falsa seguridad.

Nombrar bien no es un gesto académico.
Es una práctica de reducción de daños.

Tipos de sustancias, tipos de experiencias

Una de las claves para un abordaje responsable es entender que cada familia de sustancias abre territorios subjetivos diferentes.

Algunos ejemplos:

  • Psicodélicos clásicos
    Suelen generar experiencias visionarias, cambios profundos en la percepción, intensificación emocional y reconfiguración del sentido del yo, mediadas principalmente por receptores serotoninérgicos.

  • Empatógenos
    Facilitan apertura emocional, conexión interpersonal, disminución de defensas y acceso a material relacional, con un perfil de experiencia muy distinto al visionario.

  • Disociativos
    Alteran la percepción corporal, el sentido de agencia y la relación con el entorno, pudiendo generar experiencias de separación, extrañeza o anestesia emocional.

  • Delirantes
    Inducen estados confusionales, desorientación y alucinaciones vívidas difíciles de distinguir de la realidad consensuada, con riesgos específicos muchas veces subestimados.

  • Psicodélicos atípicos
    Sustancias que no encajan del todo en las categorías clásicas y que combinan efectos visionarios, disociativos o sedativos, exigiendo marcos de cuidado particulares.

  • Oneirogénicos
    Sustancias que inducen estados hipnagógicos, sueños lúcidos o experiencias oníricas prolongadas, con una lógica experiencial propia.

Hablar de todas estas experiencias como si fueran lo mismo es como confundir anestesia, psicoterapia y meditación porque “todas afectan la mente”.

La experiencia no depende solo de la sustancia

Incluso dentro de una misma categoría, la experiencia varía enormemente según:

  • la dosis,

  • el contexto,

  • el estado psicológico previo,

  • la historia personal y traumática,

  • el entorno social y cultural,

  • y las expectativas con las que se ingresa a la experiencia.

Pero reconocer esta complejidad no invalida la distinción entre sustancias.
La refuerza.

Porque no todo se trabaja igual,
no todo se integra de la misma manera,
y no todo implica los mismos cuidados posteriores.

Cuando la confusión se vuelve riesgosa

Confundir tipos de sustancias suele llevar a errores concretos:

  • usar marcos de integración inadecuados,

  • minimizar efectos disociativos o confusionales,

  • romantizar experiencias que requieren contención clínica,

  • aplicar consejos generales donde se necesita especificidad,

  • asumir que “si es natural, es seguro”.

La reducción de daños empieza mucho antes de la experiencia.
Empieza por entender qué tipo de experiencia se está abriendo.

Nombrar con precisión es una forma de cuidado

En PsicodeAr insistimos en algo simple pero fundamental:
no todas las expansiones de conciencia son iguales, ni deben ser tratadas como tales.

Nombrar con precisión:

  • no es estigmatizar,

  • no es prohibir,

  • no es moralizar.

Es cuidar mejor.

Por eso desarrollamos Guías Esenciales diferenciadas, que abordan cada familia de sustancias desde su lógica propia, sus riesgos específicos y sus posibles usos responsables.

No para promover el consumo,
sino para ofrecer información clara en un terreno donde la confusión suele ser la norma.

Un campo que necesita menos generalizaciones y más criterio

Estamos en un momento histórico donde el interés por los estados ampliados de conciencia crece más rápido que la alfabetización sobre ellos.

Eso vuelve urgente una tarea básica: aprender a distinguir.

Distinguir no divide.
Ordena.

Y en un campo tan sensible como este, ordenar es una forma profunda de cuidado colectivo.

Este texto no busca cerrar la conversación, sino abrirla con mayor precisión.

Si trabajás, investigás o simplemente te interesan estos temas,
te invitamos a explorar las Guías Esenciales correspondientes a cada tipo de sustancia y experiencia.

Entender las diferencias no limita la experiencia.
La vuelve más consciente, más responsable y más segura.

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